1 de Noviembre Fiesta de Todos los Santos

 

“Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente:
«¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!».
Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono,
y adoraron a Dios,diciendo: «¡Amén!
¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza
a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!».(Ap. 7)

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  “Tarde os amé, Dios mío, hermosura tan antigua y tan nueva; tarde os amé. Vos estabais dentro de mi alma y yo distraído fuera, y allí mismo os buscaba; y perdiendo la hermosura de mi alma, me dejaba llevar de estas hermosas criaturas exteriores que Vos habéis creado. De lo que infiero que Vos estabais conmigo y yo no estaba con Vos; y me alejaban y tenían muy apartado de Vos aquellas mismas cosas que no tuvieran ser si no estuvieran en Vos. Pero Vos me llamasteis y disteis tales voces a mi alma, que cedió a vuestras voces mí sordera. Brillo tanto vuestra luz, fue tan grande vuestro resplandor, que ahuyento mí ceguedad. Hicisteis que llegase hasta mí vuestra fragancia, y tomando aliento respiré con ella, y suspiro y anhelo ya por Vos. Me disteis a gustar vuestra dulzura, y ha excitado en mi alma un hambre y sed muy viva. En fin, Señor, me tocasteis y me encendí en deseos de abrazaros.

 Luego no es cierto que todos desean ser bienaventurados, porque aquellos que no quieren la alegría que Vos comunicáis, que es la única vida bienaventurada, sin duda no quieren la que lo es cierta y verdadera, o bien deberá decirse que la quieren y desean todos, pero como la carne tiene unos deseos contrarios al espíritu, y éste los tiene también opuestos a la carne, no pudiendo uno y otro hacer lo que entrambos quieren, vienen a dar y caer en lo que pueden, y con ello se contentan; y es porque aquello que no pueden, no lo quieren tanto como es necesario para que lo puedan.
Si les pregunto a todos si quieren mas gozar de esta alegría que proviene de la verdad, que de otra que provenga de la mentira, responderían todos que mas quieren la alegría que nace de la verdad, y que desean ser felices y bienaventurados, porque la vida bienaventurada es alegría y gozo que nace de la verdad, que es lo mismo que decir, alegría que nace de Vos, que sois la verdad suma, mí luz, mi Dios, vida y salud de mi alma.
Toda mí esperanza, Dios y Señor mío, se funda únicamente en vuestra grandísima misericordia. Dadme lo que me mandáis y mandadme lo que quisiereis. Nos mandasteis ser continentes, pero yo sé, dice el Sabio, que ninguno puede serlo, si Dios no le concede esta virtud, y también es un don de la Sabiduría increada el conocer de quién proviene esta dadiva. Porque la continencia es la virtud que nos reúne y nos reduce a ser una cosa sola, de cuya unidad habíamos degenerado haciéndonos de uno muchos y dividiendo nuestro corazón en multitud de cosas; y menos, Señor, os ama el que juntamente con Vos ama alguna otra cosa, que no la ama por Vos. ¡Oh amor, que siempre ardéis y nunca os apagáis! ¡Oh Dios mío, caridad infinita, encended mi corazón! Nos mandáis la templanza o continencia, pues dadnos lo que mandáis y mandad lo que queréis.”

(Confesiones de San Agustin)

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